domingo, 29 de julio de 2007

EL CRIMEN
A través de la ventana, Catalina, con sus manos envejecidas, hilvanaba cuidadosamente la ligera seda del vestido que había cortado unos minutos antes.
Trabajaba con premura, ya que su clienta, iba a medírselo esa misma tarde. Debía tenerlo preparado lo antes posible porque era uno de esos”trabajos apurados”, los cuales ella nunca rechazaba porque incrementaban sus pobres ingresos.
La interesada lo luciría en el “civil” de su hermana, la que daría una importante fiesta.
Catalina, levantaba de a ratos la vista mirando tras sus gruesos anteojos los vaivenes de la gente del barrio.
De pronto, algo le llamo poderosamente la atención, su vecino, cuyo jardín daba frente al suyo, hacia movimientos extraños, como si discutiera con alguien, ella hizo una pausa en su tarea para ver que sucedía, y observo como el hombre movía desmesuradamente los brazos y hablaba acaloradamente sin que hubiera un interlocutor.
Gritaba y empuñaba sus manos como garras .En un momento, no sabia con exactitud cuanto había pasado, arremetió contra el piso, dando fuertes golpes en el sinuoso sendero que conducía hacia la puerta de entrada. Había entablado una lucha cruel, irreversible, estaba asesinando a su sombra. Catalina seria la única testigo ocular

1 comentario:

Carmen dijo...

Otro prodigio de tu fructífera imaginación.